Los refugiados – Celia.

Era otro día más, que seguían sonando los bombardeos, papá había salido un momento, no recuerdo bien donde dijo que iba.

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Me levanté de la cama, fui a buscar a mi madre y le pregunté sobre papá, me dijo que había ido a buscar comida, y le pregunté a mi madre que qué íbamos a hacer hoy y me dijo que cuando llegase mi padre hablaríamos de eso, aunque tampoco le tomé mucha importancia.

En un rato llegó mi padre, nos dijo a mi y a mi hermana pequeña, Natalia, que nos pusiésemos ropa, tres capas de ropa por lo menos, que no pasásemos frío, quise preguntarle por qué a mi padre pero no me quiso dar más detalles asique mi hermana y yo hicimos lo que él había dicho.

Vi a mis padres con unas bolsas con comida, les pregunté que qué pasaba, y me contestó que las cosas iban de mal en peor en Siria, que teníamos que emigrar, y eso me asustó un poco, y me dijeron que no le contase nada a mi hermana, que como era pequeña lo mejor era contarle lo menos posible, asique me fui con ella mientras mis padres acababan de organizar todas las cosas, y aunque intentaba disimularlo con mi hermana delante, estaba nerviosa y tenía miedo.

Mi padre dijo que era ya la hora de irnos, mi hermana preguntó aunque mi padre intentaba evitar todas las preguntas que pudiese.

Nos fuimos por las calles intentando que nos viese la menos gente posible, mi padre tenía preparada una barca, daba la impresión de que iba a ser un viaje muy largo.

Nos subimos y nos fuimos. Al rato mi hermana se quedó dormida, y así aproveché para hacerle preguntas a mis padres, y dijeron que íbamos a emigrar a España, que intentaríamos pasar por las fronteras de Melilla, y me contó que también mucha gente conocida suya o estaba yendo ya o lo haría dentro de nada.

Pasaban los días, aunque parecieron interminables por fin llegamos. Mi padre dijo que ahí tendríamos una vida nueva y mejor, y así al menos me sacó una sonrisa.

Había muchísima gente allí, y eso me preocupó, ¿y si no podíamos pasar?

Aunque ya no nos quedaban muchas provisiones podíamos pasar unos días con lo que nos quedaba.

Por la sensación que me daba íbamos a pasar bastante tiempo allí asique con mi hermana fui a que nos hiciésemos amigas de alguien, no queríamos pasar los días solas, y fue fácil hacer amigos y amigas allí.

 Iban pasando los días y no lográbamos pasar, y eso cada día me preocupaba más, se nos habían acabado las provisiones, pero la gente de aquí tenía, no mucha, pero la suficiente como para poder comer.

Seguían pasando los días, hasta que un día mis padres llegaron corriendo con una sonrisa, ¡podíamos pasar!

Asique nos fuimos corriendo y conseguimos entrar, y pensé que aquí empezaría la nueva vida de la que mis padres me hablaron.

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